Érase Una Vez Un Príncipe Llamado Alejandro, que Estaba Perdidamente Enamorado de Una Princesa. La Princesa Mariana.
Buscando la Manera de Llamar Su Atención, al Príncipe Se Le Ocurrió Regalarle Un Unicornio Para Su Cumpleaños. Pero, Al Pertenecer Ella a Un Reino Opuesto, No Podía Entregárselo. Ideó Hacer Aparecer al Unicornio En Su Propia Habitación Para la Mañana de Su Cumpleaños.
Para Eso, Hizo Llamar Al Mejor Mago del Pueblo. Horas Más Tarde, Le Llegó la Noticia de que Todos los Magos del Condado Habían Partido Para Un Congreso de Magos. Aquello Hizo Poner Mal al Príncipe Alejandro. Pero, Su Ilusión Por Hacerle Llegar el Presente a la Bella Dama Fue Más Fuerte, y Pidió que Buscaran a Cualquier Mago que Pudiese Continuar Dentro del Pueblo.
Le trajeron al único Mago del Pueblo que No Había Asistido al Congreso. El Mago Daniel. Aquel Mago Era Muy, Pero Muy Tonto, y, Por Lo Tanto, Sus Trucos Fracasaban la Mayoría de las Veces. Pero, el Príncipe No Tenía Otra Alternativa.
Le Pidió Lo Deseado. Que Hiciera parecer a Aquel Hermoso Unicornio En Su Habitación. El Mago Daniel Intentó Aquel Truco. Al Ver Desaparecer al Unicornio, Festejaron. El Truco, Aparentemente, Había Funcionado.
Mientras Tanto, la Princesa Mariana, que Se Encontraba Dormida, Despertó Por Uno de los Primeros Rayos de Sol que Se Filtró por la Ventana de Su Habitación. Sintió Algo Extraño En Su Cabeza, Por Lo que, Asustada, Corrió a Examinarse al Espejo.
Para Su Sorpresa ¡Le Había Crecido Un Cuerno! A Medida que Pasaban los Seugnos, Comenzaron a Crecer Más y Más. Eran Enormes, y Demasiados.
La Pobre Princesa Comenzó a Llorar Enloquecidamente. En Ese Momento, Le Llegó Una Carta del Príncipe Alejandro, Donde Avisaba que Aquella "Sorpresa" Había Sido Enviada Por Él, a lo que Ella, Furiosa, Rompió la Carta y la Desparramó por el Suelo. No Podía Creer que Su Amado Le Hubiese Hecho Eso.
Esa Noche, el Príncipe Alejandro Fue a Visitarla a Su Mansión. Al Llegar, Ella Se Encerró En Su Habitación, Sin Dejarlo Pasar. Al Preguntarle Él Cuál Era el Problema, Ella, Con Lágrimas En los Ojos, Se Dejó Mostrar.
Al Observar Sus Cuernos, Se Sintió Mal. El Truco Había Funcionado Mal.
- ¿Por qué lo hiciste?- Preguntó Ella, Muy Triste.
- Yo... No... Sé...- Tartamudeó.
La Princesa Le Dijo que Nunca Más Lo Querría Volver a Ver, que Volviera a Su Mansión. Él, Pidiéndole Perdón Por los Cuernos que Le Había Puesto, Le Rogó que Lo Perdonara, que la Amaba. Ella, Nunca Podría Pensar que Él, Queriéndola Tanto Como Decía, Le Hubiese Puesto Aquellos Enormes y Feos Cuernos.
Él, Cansado de Rogarle, Volvió a Su Mansión Tristemente. Al Ocurrir Aquello, los Cuernos de la Princesa Comenzaron a Desvanecerse Poco a Poco, y Volvió a Ser la Hermosa y Feliz Princesa, Al Tiempo que el Príncipe Alejandro Comenzó a Deprimirse. Fue Tal Su Tristeza, Al Notar Lo que Estaba Perdiéndose Sin Mariana, que Su X Comenzó a Achicarse, Hasta Llegar al Tamaño de Un Maní. Murió Triste y Solo.
Moralejas: No Hagas Lo que No Te Gustaría que Te Hagan a Vos.
Los Hombres que Ponen Cuernos a Sus Novias Lo Hacen Porque La Tienen Corta.
Las Mujeres Con las que Cuernean a Sus Novias Son Más Fáciles que la Tabla del Dos.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario